Cuando un gerente de planta o emprendedor nos contacta, la pregunta suele ser sobre precios. Sin embargo, en NC-JET siempre respondemos con otra pregunta: «¿Qué vas a marcar y a qué velocidad?».

Elegir una codificadora mirando solo la etiqueta del precio es la trampa número uno. Una máquina barata puede salir carísima en insumos, y una máquina muy robusta puede ser un gasto innecesario para una producción pequeña. Aquí desglosamos la verdad sobre las tres tecnologías para que no tires tu presupuesto.

Es la tecnología que más ha crecido. Funciona como una impresora de escritorio, pero industrializada.

  • ¿Cómo funciona? Cartuchos que integran el cabezal. Calienta la tinta y dispara.
  • La verdad: Es «Mantenimiento Cero». Cambias cartucho, estrenas cabezal. No hay filtros ni bombas.
  • El veredicto: Ideal para farmacéuticas, cajas y líneas intermitentes. Si tu producción para los fines de semana, esta máquina no te deja a pie el lunes.

El estándar histórico. Un chorro continuo de tinta circula por el sistema.

  • ¿Cómo funciona? Tinta y solvente por separado. La tinta «vuela» hasta el producto.
  • La verdad: Es la reina de la velocidad y las superficies curvas.
  • El veredicto: Indispensable para embotelladoras y cables que operan 24/7. Pero ojo: requiere disciplina de limpieza y cambio de filtros.

Aquí no imprimimos; «quemamos» la superficie.

  • ¿Cómo funciona? Un haz de luz altera el material.
  • La verdad: Cuesta más al principio, pero luego… el costo es cero. Sin tinta, sin solvente.
  • El veredicto: Para bebidas y cosmética de lujo donde la marca debe ser eterna.

Conclusión: No compres tecnología, comprá una solución. Analizá tu OPEX (costo operativo) antes que tu CAPEX (inversión).