En Argentina, ANMAT y SENASA ponen las reglas. Pero más allá de la multa, la trazabilidad es la única defensa real de tu empresa ante una crisis.

Imagina esto: un cliente denuncia un defecto en tu producto. Si el código de lote es ilegible o se borró en el camión, no tienes forma de saber qué día se fabricó.

El resultado: Te ves obligado a retirar toda la producción del mercado «por las dudas». Un golpe financiero devastador por un código mal impreso.

Para que duermas tranquilo, verificamos esto:

  1. Permanencia (La prueba del dedo): No basta con que se vea bien al salir de la máquina. Hacemos pruebas de fricción para asegurar que la tinta llegue intacta a la góndola.
  2. Lectura Artificial: Hoy los códigos los leen cámaras. Un código con bajo contraste es rechazado automáticamente en los centros de distribución.
  3. Integridad de Datos: El error humano (tipear mal el lote) es el enemigo. Nuestros equipos bloquean la edición manual para que el operario solo elija el lote correcto.

La codificación es el DNI de tu producto. No dejes que salga «indocumentado» a la calle.